El maguey y el pulque: mito y leyenda
Así como existen mitos sobre el origen del sol, la tierra, los hombres y el maíz, también el maguey tiene el suyo: es la encarnación de la diosa Mayahuel, que entró al corazón del agave para que del cuenco manara su sangre.Del pulque se cuentan otras historias: fue el Tlacuache el primer borracho, quien descubrió los efectos del aguamiel fermentado y lo regaló a los hombres, enseñándolos a prepararlo.
Ya antes, este personaje había robado el fuego -razón por la cual tiene la cola pelada, pues allí guardó el tizón. Robó el maíz a los pueblos. A la fecha, con sus manitas casi de hombre, suele destapar los cuencos de aguamiel para embriagarse. En el sur de Oaxaca, aseguran que estos animales son quienes señalan cuándo están fermentadas las palmas usadas para hacer el aguardiente llamado “niza taberna": junto a las palmas que se dejan secar, siempre aparece, llegadas a su punto, un Tlacuache borracho trasnochado, durmiendo.
Hasta nuestros días, en los cuentos indígenas, este personaje es ladrón, pendenciero, timador y borracho y, paradojicamente, también creador. Cuentan los mazatecos que en el principio de los tiempos el tlacuache fue "autoridad", le encargaron trazar los ríos y él los trazó rectos; pero como antes había recorrido varias cantinas, los ríos fluyen ahora entre los montes con paso alocado, trastabillando.
En el plano de los relatos históricos, que no míticos, encontramos una crónica sobre la invención del pulque descrito por Mariano Veytia en su libro “Historia antigua de México”. Reinaba Tecpancaltzin en Tula cuando Papantzin le llevó a su señor varios regalos, entre los cuales había un jarro de pulque. Xóchitl, su hija, portaba el precioso líquido que resultó muy sabroso al gobernante. Pero más se lo pareció la jovencita. Pidió a Papantzin que volviera a enviar a su hija con más pulque y la raptó y encerró. De este amor ilícito y violento nació un niño.
"Le pusieron por nombre Meconetzin, que se interpreta como el Niño del maguey, por la miel que le llevó Xóchitl, y fue el origen de sus amores. Luego que nació se reconocieron en él las señales que había pronosticado Hueman se verían en el último rey Toltecatl (..) anunciándoles que en su tiempo se había de destruir su reino, y lo que causó no poca pena al rey su padre".
Como en muchos otros lugares, los dioses-hombres tenían contiendas, afectos y rencillas. En México, el pulque juega en ellas un papel importante, causa la ruina del reino de Tollan y marca el fin predestinado de Ce-Acatl-Topiltzin Quetzalcóatl, quien fue personaje histórico antes de convertirse en deidad.
Cuando se cumplió el tiempo de que
se terminara la fortuna de
Quetzalcóatl y los toltecas, tres
nigrománticos y embusteros causaron
la caída de ese pueblo.
Huitzilopuchtli, Tezcatlipoca y
Tlacahuepan llegaron con embustes a
Tolla. Tezcatlipoca habló con
Quetzalcóatl, a quien le dolía el
cuerpo y las manos. Le dijo tener la
medicina para aliviar sus males y lo
convenció de probarla. Metió éste su
dedo meñique y la probó. Parecía ser
cosa muy buena y sabrosa. Bebió
cuatro jícaras primero y luego muchas más.
Se desvaneció y se puso como
muerto; se ensimismó y cantó. Y ya
no cumplió sus oraciones y plegarias.
Y cuando despertó luego comenzó a
llorar tristemente. Decidió irse de
allí y se dirigió hasta Tlillan
Tlapallan, "el quemadero". Y al
llegar a la orilla del agua divina
entró y luego se encumbró su corazón y
es la estrella del alba.
Tezcatzóncatl era dios del vino y por los efectos que éste causa, le daban otros nombres como el de “Tequechmecanianí”, “El ahorcador”, el “Teatlahuani” y el de “Ahogador”. Tenía templo en México y le celebraban fiesta a él y a otros dioses que le daban por compañeros en el mes XIII. Había cuatrocientos sacerdotes consagrados a su culto:
“... los dioses del pulque eran seres
lunares de aquí que llevaran en la nariz
la media luna de hueso y que tuvieran
el rostro pintado rojo y de negro,
colores que representan, respectivamente
la parte clara y la parte oscura del disco lunar;
su escudo y su emblema, la jarra de pulque,
presentan igualmente ambos símbolos.
Esta relación con el astro que muere y
renace constantemente se explica
por hecho de que los dioses
del pulque encarnaban el morir y
el renacer de la naturaleza;
eran festejados por esta razón después de
la cosecha, cuando los indígenas expresaban
su alegría en inacabables libaciones de pulque.
Sólo uno de los dioses del pulque, Tezcatzóncatl
('El de la casa de los espejos en el tejado')
poseía un templo en Tenochtitlan.
Sus verdaderos adoradores eran los tlahuicas
del estado de Morelos, en cuya
región se les había consagrado el
templo de Tepoztlán, y los habitantes
del 'País de la Luna' (Meztitlán),
región montañosa al norte del estado
de Puebla"
(Krickeberg, “Las Antiguas Culturas Mexicanas”).
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